Hoy por hoy, escribo por el simple hecho de escribir. Por no perder la costumbre de sentir las teclas bajo mis dedos mientras mi cabeza deja que mis manos intenten expresar todo lo que pasa por mi mente. Que hoy por hoy, he de decir que es imposible. A veces pienso si una cabeza puede sobrecalentarse hasta explotar, si es posible la mía corre grave riesgo de colapso estos días. La verdad es que me veo hablando y escribiendo, y en realidad, no tengo nada trascendental que decir. Lo que resulta frustrante, terriblemente.
Diría que resulta ilógico tener tanto en mi cabeza y tan poco que decir, pero la lógica nunca ha sido lo mío asi que probaré a seguir desvariando hasta que encuentre una salida interesante de la que tirar en esta entrada que hace recordar a un show televisivo cutre en el que las horas pasan mientras algún personaje cuenta los sinsabores de su vida diciendo realmente nada.
En fin, ¿por qué escribo? Tengo una teoría. Una persona no escribe si en su vida no hay problemas. Aquel que decide poner palabras en papel necesita soltar aquello que duele, que no puede decir a nadie más. Es una manera silenciosa de gritar que el mundo es una mierda, que amas, que sufres. Si todo fuera bonito, nadie necesitaría escribir. Yo necesito escribir, porque hay cosas que son indecibles. Pero hay que decirlas.
Por que sí. Digo te quiero, te odio, mando todo al carajo y sueño en un papel y el día a día se hace un poco menos pesado.
En fin, si sigo escribiendo me voy a dar una ostia. Cuando tenga algo interesante que escribir, escribiré. Con mi suerte, algún problema surgirá pronto.

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